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Según la Real Academia de la Lengua Española se define como "Corrupción" a la acción y al efecto de corromper (depravar, echar a perder, sobornar a alguien, pervertir, dañar). En el sentido político de la palabra, cuya reflexión es la que nos reúne en este artículo, la corrupción sería aquella práctica que consistiría en hacer abuso de poder, de funciones o de medios para sacar un provecho económico o de otra índole. Una tercera vertiente se refiere a la corrupción como al mal uso del poder público para obtener una ventaja ilegítima.

La insistencia por esta palabra, es que nos llama la atención el uso reiterado que hace este gobierno municipal sobre la misma, a los efectos de calificar a la gestión anterior. Así sucedió este sábado por centésima vez, cuando se recordaba, entre gritos e incoherencias, el Bicentenario de nuestra Independencia en la Isla. ¿Será acaso que con esta recurrencia discursiva intenta salvar una desdibujada gestión que no prospera? Lo cierto es que ya pasaron más de seis meses de gestión y el único argumento que se encuentra es uno que se cae a pedazos ante una realidad manifiesta: falencias en los servicios públicos, gente descontenta, funcionarios descreídos en la capacidad de gobernar, equipo político desmembrado, despotismo manifiesto, etc. Esta situación demuestra una vez más que la municipalidad de Cerrillos no es fácil de gobernar y menos cuando se desconoce de la política. De allí se piensa que la razón del reiterado uso de la palabra corrupción en contra de la gestión anterior, no es otra cosa que la negación de la inoperancia gubernativa de su propia gestión.

Lo peor del caso es que, inmersa en las mieles del poder de tinte absolutista, hasta cuasi-divino, este gobierno se va posicionando como “uno más” de los gobiernos que pasaron por este pueblo. Lejos de diferenciarse de su ex jefe político Rubén Corimayo a quien acompañó en listas de cargos electivos y fue electa concejal, la nueva intendenta estaría obrando de la misma forma en la que ella denuncia en sus discursos. El hecho de nombrar a sus parientes en la estructura de gobierno: ¿acaso no es un acto de corrupción? Alguien, seguramente defensor mediático de esta gestión, dirá que no, y argumentará a favor de que la culpa la tiene Corimayo. Sin embargo, ¿eso es así?; ¿Qué responsabilidad le cabe al ex intendente ante la incapacidad manifiesta de esta gestión en dar respuesta a la gente?; o, ¿a la falta de respuestas ante los pedidos de informes del Concejo Deliberante?, o, ¿al uso comercial del Club municipal, cuando en realidad dicho predio le pertenece al Pueblo? En fin, si de buscar responsables se trata, habrá que seguir de cerca lo que cada uno de los funcionarios de ésta gestión realiza o no, porque de esos tenemos bastante. Hoy por hoy, esa denominación de: “Cerrillos, Tierra de cantores y poetas” se ha desdibujado por otras: “Cerrillos, tierra de funcionarios cansados e incompetentes con la función”. ¿Adónde quedó la cultura popular, donde interviene Municipio Saludable?

¿Acaso la Señora Intendente no se da cuenta de que en su gestión también hay, eso que ella menciona permanentemente a la hora de calificar la gestión anterior?, pero de eso nos vamos a ocupar en otro momento, por ahora lo que nos interesa es el nombramiento de sus parientes en la estructura administrativa. Es sabido que, desde el regreso de la democracia en 1983, este fue un mecanismo utilizado por todos los gobiernos de turno a nivel nacional, desde Alfonsín pasando por Menem, De la Rúa y recientemente por el gobierno de Cristina Fernández. Es sabido también que este hábito se trasladó hacia los gobernadores e intendentes, que benefician a los suyos con los cargos más altos. La característica de esto es que no importa si los beneficiados por el “Nepotismo” conocen del cargo, la función o si es competente para cubrir una función específica. Lo importante es aprovechar la “volada” como dirían y que los bolsillos se “inflen”. ¿Acaso eso no es propio de esta gestión? Empero, los “Actos corruptos”, son mencionados por doquier en cualquier acto público, sin atender a las características de los mismos. Lo que es peor, sin el más mínimo respeto por las fechas patrias.

En el medio de todo esto, aparece el pueblo, el vecino, que, desesperanzado en el pregonado CAMBIO prometido en campaña, paulatinamente comienzan a conformarse con lo que hay, incluso, hasta recordar con nostalgias a la gestión anterior. Y es que es evidente. Un gobierno que levanta como primera bandera el nepotismo absoluto, que no da solución a la pobreza, que se nutre de inacciones frente a las demandas de la comunidad no hace más que demostrar que no puede. Y no puede porque desconoce de la política y vive de una gestión, como la de Corimayo, que ya se fue hace varios meses. Por lo tanto, la pregunta que nos queda ¿no es el momento de desprenderse de las diferencias personales y comenzar a gobernar? El pueblo espera…. 

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